“Expediente Warren”, terror clásico

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Hace no muchos años, cuando el cielo era azul y la frase en los mejores cines estaba de moda, existía un género que brillaba especialmente por su originalidad: el género de terror. Era una época en la que se respetaba lo sobrenatural y se generaban obras que tenían gran impacto en la sociedad, se hablaba de ellas (Imposible olvidar El Exorcista o Poltergeist).

Hoy en día, estamos sumidos en un agujero creativo, en lo que respecta al cine. Las películas de terror no se libran, y en Hollywood se ha instaurado el método paranormal, o lo que es lo mismo, continuar haciendo secuelas de títulos exitosos del género a un coste muy reducido para obtener unos beneficios estratosféricos. Lo peor es que las productoras logran su objetivo.

Por ese motivo, resulta tan grato reconocer un atisbo de esperanza para la salvación del género en Expediente Warren. El director, James Wan (autor de Saw e Insidious) nos regala una historia basada en hechos reales (término a coger con pinzas), en el que una pareja de investigadores de lo sobrenatural, se encuentra con un caso bastante espeluznante e inaudito: reciben la llamada de una familia atemorizada por los espíritus con los que están obligados a convivir.

Con esta breve sinopsis, plagada de clichés, es imposible prever el espectáculo real que vamos a presenciar. Estamos ante un ejercicio casi impecable, que por medio de sutiles movimientos de cámara, lleva al espectador a través de la historia como si estuviera deslizándose en el aire. Además, es el propio punto de vista el que proporciona esa suma de tensión necesaria para dar el bote en el momento adecuado.

La ambientación de la época (muy de mi agrado) es sobresaliente. Se funde perfectamente con los pocos, pero eficientes, efectos especiales. Como vemos, el envoltorio está perfectamente preparado para que los actores cumplan con su cometido. En el caso de “Expediente Warren”, tanto la pareja protagonista (Patrick Wilson y Vera Farmiga), como la familia en cuestión (encabezada por Lili Taylor), cumplen sobradamente las expectativas, sin las peligrosas y típicas sobreactuaciones de muchas películas de terror. Es de recibo destacar a Farmiga, cuyo personaje lleva una carga adicional de contenido dramático.

Como consecuencia de la fusión de todos estos elementos positivos,  Wan consigue una película de terror a la vieja usanza, nos libra de innovaciones engorrosas y ofrece simple y llanamente lo que entiende y controla. Si bien el final es bastante mejorable, el 80% del film es una maravilla artística (me declaro fan de su fotografía).  Y solo me queda hacer un llamamiento en público a los autores del cine de terror: si no puedes revolucionar el género, al menos realiza un homenaje digno.

Expediente Warren (The Conjuring) ****